¿Estará Jesús Guerra en lo cierto cuando afirma en este artículo " La comprensión de la nueva realidad empresarial en Venezuela pasa necesariamente por valorar adecuadamente los hilos de la distribución de la renta petrolera y sus mecanismos de transmisión por medio del gasto público. ?
Ladrones
abril 7, 2015 2:08 am
He
sostenido y lo sostengo que Venezuela está siendo objeto de un saqueo por parte
de funcionarios que vieron llegada su oportunidad para apropiarse del tesoro
nacional. Pareciera que el país estuviese viviendo la decadencia moral de las
sociedades que están en fases de cambio, donde pillos, arribistas y
delincuentes de todo tipo se abalanzan sobre los fondos públicos para hacerse
de ellos lo más rápido que sea posible.
La
consigna de moda es la actualización de aquella de un ministro del rey de
Francia Luis Felipe cuando exclamó: “Tengo una consigna, enriquézcanse”. Todo
lo que sucedió en Venezuela anterior a 1999 es nada frente a lo que hoy
atestigua el país. Los principios que hicieron florecer a la clase empresarial
formada en el trabajo, el esfuerzo y la frugalidad se han trastocado para dar
paso a la acumulación inmediata, a la rapiña, al contrato favorecedor y al
tráfico de influencias. Limpios de solemnidad, hoy son flamantes empresarios
sin haber arriesgado lo que no tenían. Todo su capital ha sido amasado como por
arte de magia a la sombra del Estado, que es donde los nuevos ricos han encontrado
su acogedor hábitat. El de antes era un empresario austero y comedido. El nuevo
rico es suntuoso, vicioso y ostentoso. Que exhibe lo que nada le ha costado.
La
comprensión de la nueva realidad empresarial en Venezuela pasa necesariamente
por valorar adecuadamente los hilos de la distribución de la renta petrolera y
sus mecanismos de transmisión por medio del gasto público. Por ello, la
consideración de los instrumentos mediante los cuales los administradores de
Pdvsa asignan el gasto, sus pólizas de seguro y ejecutan sus contratos, es
vital para aproximarse a la conformación de los nuevos capitales. Esto se hace
más evidente desde la reforma de la Ley del BCV de junio de 2005, que le
permitió a la empresa estatal de petróleos manejar más de la mitad de los
ingresos por exportaciones sin rendirle cuentas a nadie. Hasta ese año, Pdvsa
debía consignar todas las divisas por exportación de hidrocarburos al BCV. Con
el cambio de la ley se abrió de par en par la puerta a la corrupción. Ello es
lo que explica las cuentas descubiertas en Andorra, Panamá y Suiza, entre otros
destinos, mantenidas por ministros y exministros de Chávez y Maduro, todos
ellas con alguna relación con contratos del Estado. Uno de los cargos favoritos
de los corruptos de ahora es el departamento de tesorería, lugar propicio para
capturar la renta petrolera transformada en bolívares.
Pero
no es solamente eso. También lo es el latrocinio de funcionarios a cargo de la
administración del control de cambios al favorecer a empresas de maletín.
Cadivi antes y ahora Cencoex han entregado aproximadamente 40.000 millones de
dólares anuales para importaciones, aunque buena parte de ellas nunca llegaron
a las aduanas. Ahora, con los capitales en mano consolidan la internalización
de sus negocios. Sobre esto no hay un solo investigado, menos todavía sobre las
divisas que fraudulentamente entregó el Sitme y el Sicad II, a través del BCV.
Igualmente está el caso de ministros quienes usan aviones oficiales para viajes
personales, llevando a bordo a toda su familia, la adjudicación de contratos a
dedo, sin pasar por la licitación, el reparto de cargos en embajadas a
familiares como si se tratase de bienes personales a ser distribuidos, para
solamente mencionar algunas modalidades que el hampa de cuello rojo ha venido
utilizando en Venezuela.
José
Guerra
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